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Todavía me duele, pero me gusta…

Autor: Carola

Me encanta el sexo anal, a mi amante también, yo sé que la parte de la anatomía femenina que más le gusta es definitivamente el culo, aunque disfruta y admira el cuerpo de mujer en su totalidad.

Perdí mi virginidad anal el mismo día del primer encuentro con mi amante. El se encargó de prepararme mental y físicamente para ello, y el resultado fué una experiencia placentera, la cual hemos repetido infinidad de veces.

Ya mi cuerpo responde tan bien a las caricias de mi hombre, que no hace falta que me dilate, ni que trate con delicadeza mi huequito, este se amolda a su sexo, a su lengua y sus caricias de una manera especial. Me enloquece la sensación de penetración completa, de invasión divina, de sumisión y goce que acompaña a estas sesiones, sentir la fricción de su miembro adentrándose profundamente en mis entrañas, sentir todo su cuerpo disfrutando con el mío es perversamente placentero, extremo.
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En ésta ocasión, estábamos llegando de la playa a la habitación, quemados por el sol, llenos de arena. Nos daríamos una ducha y descansaríamos un poco para luego arreglarnos para la cena y unos tragos.

Al quitarme el traje de baño, noté que estaba llena de arena, el canal que separaba mis nalgas, parecía haberse traído la playa consigo.

- quien te manda a tener esas nalgas tan apretadas me dijo mi hombre sonriendo mientras entrábamos a la ducha. Agarrando mis nalgas con sus manos, dio un apretón que hizo que toda la arena cayera al suelo, entre risas y caricias nos duchamos.

Bañarnos juntos, ese es uno de mis momentos preferidos porque nos dedicamos uno al otro en caricias dulces y cuidados completos. A pesar de su altura, me las arreglo para enjabonarlo con mucho cuidado de pies a cabeza, disfrutando cada pedacito de su cuerpo, a veces, lamiendo el agua sobre su piel. Hacer de algo tan cotidiano como una ducha, un oasis de sensualidad ligera y cómplice es algo que ambos disfrutamos.

Cuándo Mi macho me baña, lo hace como quien se encarga de una niña, enjabonándome también de pies a cabeza. Además de lo dulce siempre está lo sensual de las caricias húmedas en las partes más intimas, el énfasis en enjabonar, acariciar y enjuagar mis tetas, mi sexo y mis nalgas, le gusta contra la pared y penetrarme solo por instantes, lo que hace de la ducha un juego delicioso.

-Sabes? Quiero que me partas el culo. Le dije mientras sentía sus manos entre mis nalgas.

- Que divino mi puta, tu pides y te complazco, tanto que cuando regreses mañana a tu casa, te dolerá ese culo y pensaras en mi, en tu macho.

-mmmmmm…Que divino , me gusta sentirte así.

Salimos de la ducha entre besos y gemidos, lo que venía me ponía a volar de la excitación. Medio mojados todavía, me alzó en un abrazo y me tiró sobre la cama, moviéndose luego en cuatro hacia mí como un animal buscando a su presa. Rugía suavemente en mi oído mientras su lengua se metía mojando mi oreja. Me volteó abriendo mis nalgas y mamando solo brevemente mi culito.

- Te voy a violar ese culo puta, quiero que pongas resistencia, hazte la dura , te lo ordeno perra.

Esto me descontroló por segundos, mi disposición es completa, pero también lo es agregar nuevos ingredientes al juego sexual, así que cambiaron las reglas.

-Te voy a partir el culo puta de mierda, siguió mientras me tomaba por la cintura.

Salte de sus brazos contestándole – No, No quiero no joda.¡ Me voy!

En un movimiento bajé de la cama diciéndole que me vestiría para salir, que no quería que me tocara. Antes de que pudiera dar un paso más, saltó enfrentándome. La diferencia en estatura es más que notable y sin importar cuanto pataleé y mordí sus brazos, solo conseguí una taquicardia tremenda. Me pegó a su cuerpo en un abrazo que me dejaba si aire, solo podía mover las piernas, por más que tratara, no logré desprenderme de él. Me sometía en una forma salvaje, que nunca antes había sentido, sentía sus manos y brazos apretándome hasta hacerme doler la piel.

Me colocó boca abajo en la cama, agarrando mis muñecas sobre mi cabeza solo con una mano, con la otra, me daba unas nalgadas que hacían que mi piel ardiera. Me decía:

- Quédate quieta ya puta, lo que vas a conseguir es que te duela más la violada.

-Pórtate bien y te suelto perra, no grites que no quiero quejas del hotel.

Me soltó suavemente a lo que contesté volteándome, saltando como un resorte traté de salir de la cama otra vez. Esta vez me cruzó el rostro con una cachetada, no muy dura pero suficiente como para ponerme a pensar si quería otra o me tranquilizaba. Yo estaba descontrolada y tremendamente excitada. Levanté mi mano para devolverle el golpe, algo que jamás haría en condiciones normales, pero el me aferró la mano volviéndome a someter. Esta vez me dolió la muñeca, me veía a los ojos con una mirada distinta, inquietante.

-Quieta te dije, coño!.

Llevando mi cuerpo hacia la pared de la cabecera, como si fuera una muñeca, me colocó con las palmas hacia ella , piernas abiertas, como si de un cateo policial se tratara. Con un brazo me inmovilizó mientras su mano se metía entre mis piernas acariciando mi sexo mojado y mi culo.

Sabía que era un juego pero las lagrimas rodaban por mi piel que ardía de excitación. La mezcla de adrenalina y expectativa me tenía al borde

-Te voy a violar y estas mojada, como serás de puta, vamos a ver si me dejas entrar, dijo en el momento que apoyaba la cabeza de su guevo en mi culito.

Comenzó a empujar y yo a apretar mi esfínter tratando de impedirle la entrada. Eso no duró mucho ya que el dolor era más de lo que yo podía aguantar, así que cedí poco a poco diciéndole- NOOO NOOO coño de tu madre!! Me vas a partir el culo!!

Metió todo su miembro en mí, me ardía todo por dentro por la falta de lubricación, ésta sensación nunca la había sentido porque él es siempre cuidadoso. A su vez, el placer unido a la excitación del juego tomaba mi cuerpo por asalto. A los pocos minutos, mis palabras no coincidían con lo que sentía mientras su guevo entraba y salía de mi culo con un ritmo constante, rápido, fuerte. Las sensaciones que subían desde mi interior por mi espalda y terminaban en fogonazos orgámicos que se repetían.

-Perro maldito…….mmmmmm…..coño de madre……mmmmmm…….Lograba decir con la voz entrecortaba.

-Y tu puta sucia, te dije que te dominaría perra, me contestaba él mientras mordía mi cuello.

Perdía el balance en esa posición por la fuerza de sus embates. Sentía como su cuerpo completo chocaba contra el mío mientras sus caderas parecían adheridas a mis nalgas. Yo gemía, casi lloraba pidiéndole descanso. Él inclemente se abrazaba a mí sacándome el aire, haciendo que sintiera cada centímetro de su penetración. Finalmente cedió, poco a poco me soltó, sin deshacer el contacto de piel completamente.

Salió de mí y me acostó en la cama, ya mi resistencia se había perdido pero no la excitación de los dos. Boca abajo en la cama, con una almohada bajo mi vientre, me volvió a penetrar, ésta vez de un solo empujón lo que me hizo gritar. Sentía plenamente su sexo llenándome ayudado ahora por su peso que caía controlado sobre mi cuerpo. Mi culito se abría para él en cada embestida, sentía su cuerpo sobre mi espalda y su respiración agitada en mi nuca mientras se deleitaba sodomizándome. No podía negar que el placer para mí era máximo, aun así, acababa silenciosamente delatándome solo por las contracciones involuntarias del orgasmo.

Se levantó saliendo de mi cuerpo yo quedé tendida en cama bañada en su sudor y el mío. Sacó de sus cosas un gel lubricante, abriendo mis nalgas, dejó caer un poco sobre mi culo, no lo entendí en ese momento, yo ya estaba disfrutando de su sexo sin problemas. Sin decir palabra, comenzó a introducir un dedo, dos, tres, los hacia vibrar un poco, les da vueltas. Lo sentí penetrándome más intensamente, de una forma que antes no había sentido. En ese momento un orgasmo se desencadenó violentamente ante lo cuál lo aprecié más dentro de mí, pero distinto, una sensación dura y fría. Le pregunté que hacía, no podía verlo por la posición. Me mostró entonces una botellita de agua mineral, la cual rotaba introduciéndola delicadamente en mi culo para hacerla entrar casi completa. La movía, la hundía en mí hasta hacerme gemir, yo solo estaba atenta al placer y a su mirada. Disfrutando esta sensación nueva para mí, disfrutando el morbo que le producía a mi hombre violarme de esa manera.

Ahora, retirándose de mí, se acostó boca arriba en la cama, colocando su cabeza cómodamente sobre las almohadas.

-Móntate tú mi puta divina, te toca a ti, siempre por el culo Bebé.

Su tono había cambiado, pero no su excitación ni la mía así que lo cabalgué. Agarrando su miembro, lo apoyé en mi culo y me senté sobre él deslizándolo rápidamente dentro de mí. Ya tenía mi huequito tan dilatado y lubricado que a pesar de su tamaño, entro como pez al agua, nadando en mi interior.

Me movía sobre él, haciéndolo salir casi completamente y luego entrar de un solo empujón, así pasamos un rato para luego voltearme dándole la espalda.

Mi culito estaba resentido, pero el trance de la excitación era mucho más fuerte, disfrutaba la situación. Sentía el sudor bajar por mi pecho, rodando entre mis tetas. Seguía el vaivén de mis caderas sobre su pubis, enterrando su sexo en mi con violencia.

Ya me dolían las piernas, no podía más, caí a su lado agotada, su erección seguía potente a pesar del tiempo que teníamos en ésta tirada.

Cerré los ojos mientras escuchaba sus palabras.

- No te vas a quedar atrás ahora, vamos vida, mírame.

Me besó en la boca suavemente, metió su lengua bordeando mis dientes, luego beso solo mis labios mojándolos con su lengua. Esta supuesta violada estaba tornándose dulce pensé sonreída. Él pareció leer mi mente a lo cual respondió abriendo mis piernas con sus rodillas, levantando mis nalgas para volver a penetrar mi culo en esa posición, boca arriba. Mi cuca sentía los roces de su cuerpo y reaccionaba con corrientazos de placer. Traté de llevar mi mano hasta ella para tocar mi clítoris pero mi macho la quitó diciéndome que no, que no era el momento. Ella solita consiguió sus orgasmos, intercalados con la potencia de los anales. Me sentía morir de placer. No perdí nunca el contacto visual con mi hombre, su mirada clavada en la mía, su expresión, sus labios.

Poco a poco lo sentí acercándose al final. El ritmo acelerado de su respiración acompañaba a sus palabras que me anunciaban la llegada al orgasmo compartido. Sentí su esencia llenándome por dentro, calmando mi morbo como sedante mágico.

Un descanso merecido, mucha agua para beber y otra ducha conciliadora fueron necesarias para ponernos a tono y salir a cenar. Estábamos los dos con la piel ardida por el sol y las caricias, pero satisfechos.

Sentados en el restaurante, disfrutamos de la cena y un buen vino. Mi mente volvía a esos momentos recién vividos y olas de calor subían desde mi pecho hasta mi rostro. Se notaba, lo sabía porque él me miraba con expresión pícara. Reía mientras me acariciaba con suavidad.

-Te duele? Me preguntó.

- Me duele un poco, pero me gusta, me gustas.

Ya por este viaje quedó fuera de circulación mi culito, solo para ver y tocar, nada de sexo…hasta la próxima vez…por supuesto.

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